8/19/2006

¿Qué enseñamos cuando enseñamos una lengua de especialidad (como segunda lengua o lengua extranjera)?

¿Qué enseñamos cuando enseñamos una lengua de especialidad (como segunda lengua o lengua extranjera)?
En términos generales, en la concepción de la enseñanza de lenguas extranjeras se ha venido produciendo una modificación hacia una orientación más pragmática del proceso de enseñanza-aprendizaje, de tal modo que se satisfagan las necesidades reales de comunicación de los discentes. Por otra parte, también se ha modificado el concepto de competencia comunicativa en la línea señalada por Hymes: lo que constituye a un hablante como tal es la competencia comunicativa, en la que intervienen una serie de estrategias –complejos procesos de negociación y re-actualización del significado– sobre cómo usar la lengua en una situación comunicativa determinada. A partir de esta constatación, la enseñanza de las lenguas centra la atención en la situación comunicativa, en el interés por los principios y las reglas de uso y en el desarrollo del estudio de las dificultades que surgen en el momento de la interacción comunicativa; esto es, en las normas pragmáticas de la cortesía en la comunicación.
Este postulado general cobra especial relevancia en la enseñanza de lenguas para la comunicación profesional: ésta está basada en la comunicación y orientada a la consecución de una determinada competencia comunicativa que mejore las capacidades de comprensión, expresión o mediación adecuadas para desenvolverse con fluidez en un determinado campo de actividad profesional. Esta pretensión implica el dominio de los recursos de la lengua, por una parte, y la aplicación de las técnicas de comunicación, lógicamente teniendo en cuenta las convenciones que requiere la comunidad y los contextos profesionales en los que tengan que interactuar. Podríamos concluir que, por tanto, la enseñanza de una lengua de especialidad se centra en la situación meta en la que, en función del cargo y de las responsabilidades, deban desenvolverse el hablante: todo planteamiento didáctico y planificación del proceso de enseñanza-aprendizaje del español para la comunicación profesional tiene que centrarse en el establecimiento de las condiciones adecuadas para que los estudiantes adquieran y desarrollen las capacidades, habilidades y técnicas de comunicación que hay que aplicar en cada contexto determinado.
Forman parte de esta situación meta, por ejemplo, aspectos como el desarrollo de habilidades y técnicas de comprensión y redacción de escritos técnicos y profesionales, la capacidad de hacer presentaciones (de empresas, de productos o de proyectos), de participar en reuniones en contextos formales laborales, de desenvolverse con soltura en actos institucionales, el ser capaz de sostener conversaciones telefónicas u otras interacciones en las que se utilicen diversos medios de comunicación (correo electrónico, chat, etc.).
Teniendo en cuenta lo dicho, debemos proporcionar al discente el conocimiento de la lengua, el conocimiento del contexto de uso y el conocimiento de las características y procesos de comunicación, verbal y no verbal, el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación, además de los aspectos de la comunicación corporativa (interacción comunicativa al servicio de las relaciones de producción y al servicio de las relaciones con el entorno social) y de la cultura de la organización (conocimientos compartidos por todos los miembros de una organización en relación con la identidad y las formas de pensar y actuar).
De esta forma, en el trabajo del profesor de ELE intervienen también decisivamente las aportaciones de otras disciplinas, como la Teoría de la Comunicación, la Teoría de la Organización y Administración de Empresas, informática y los estudios de comunicación intercultural.
Otro aspecto que no conviene olvidar, en un mundo crecientemente globalizado, es la necesidad de que el discente conozca y empatice con las diferencias culturales en cuanto a los usos y costumbres que rigen en otros países, e incluso las pautas de conducta que están estrechamente relacionadas con la cultura de otras sociedades. Unos conocimientos que podemos agrupar en torno a tres saberes: saber ser (cualidades cultivadas que proporcionan imagen y seguridad en uno mismo), saber estar (conjunto de actitudes, usos y costumbres sociales que facilitan la convivencia) y saber hacer (capacidad de desarrollar con rigor, exactitud y puntualidad las funciones profesionales).
Tenemos que considerar el hecho de que la comunicación no se puede entender separada de la cultura: forman parte de un mismo fenómeno. El proceso comunicativo se produce dentro y dependiente de una cultura, por lo cual se convierte en un proceso estrictamente cultural. Por eso, el proceso de enseñanza-aprendizaje de ELE debe interpenetrarse de esa dimensión lingüístico-cultural: el aprendizaje de la lengua no debe concebirse como un aprendizaje técnico y aséptico, sino que proporcionará al alumno una inserción paulatina en las claves mentales características de dicha cultura –sus normas implícitas y explícitas, sus lugares comunes, sus ideales e ideologías, etc.-
En la docencia en ELE partimos de la concepción funcional-pragmática de la naturaleza de la lengua, es decir, del uso que hacen los hablantes de la lengua en su actuación lingüística: consideramos la lengua como la actividad social cuya función es satisfacer las necesidades de comunicación que surgen en los procesos de interacción. No se puede interpretar un código lingüístico al margen de las convenciones contextuales de uso.
Desde el punto de vista del enfoque comunicativo, la enseñanza de EFE debe considerar múltiples aspectos fundamentales, como la comunicación intrapersonal, comunicación interpersonal, comunicación grupal o de equipo, comunicación pública, comunicación en las organizaciones, comunicación en las entrevistas, comunicación de masas, comunicación intercultural, comunicación no verbal, etc. F. Poyatos propone que en la enseñanza-aprendizaje de la lengua se considere lo que denomina la Triple Estructura Básica de la Comunicación; un continuo verbal-paralingüístico-kinésico. Estas tres vertientes presentan notables diferencias –huelga decirlo- incluso si nos referimos a países del mismo entorno cultural –ejemplo: países de Europa occidental-.
En el ejercicio de la enseñanza de una lengua de especialidad, y en consonancia con el propósito funcional que hemos enunciado, debemos considerar que en el ámbito profesional cada vez es más frecuente el vehicular la comunicación mediante soportes telemáticos y apoyos informáticos (presentaciones con apoyo gráfico y audiovisual, etc.). En la enseñanza de EFE incidiremos en la familiarización del discente con estos vehículos, provistos de sus propias reglas no escritas –que el alumno debe conocer-, sus propias rutinas de interacción, a las cuales debemos prestar atención (ejemplo: escribir en mayúsculas en un foro, chat o e-mail significa gritar al interlocutor).
En definitiva, la programación y organización de un proceso de enseñanza-aprendizaje de español para la comunicación profesional debe partir del análisis de los requisitos que planteen las situaciones de comunicación en las que los estudiantes tendrán que desenvolverse. Este análisis de la situación meta, junto con los resultados del análisis del estado de conocimientos de los estudiantes (situación actual), permitirá diseñar la programación: objetivos, contenidos (lingüístico, comunicativo, intercultural, procedimientos y profesional), metodología, recursos y criterios de evaluación.
En esta programación atenderemos a situaciones de comunicación orales, escritas y mixtas o mediación. En todo caso, la comunicación profesional va a requerir el conocimiento de los procesos de comunicación, el conocimiento lingüístico (lengua común y de la especialidad), conocimiento de contenidos discursivos, sociolingüísticos y socioculturales.
Indican María Teresa Cabré y Josefa Gómez Enterria, en La enseñanza de los lenguajes de especialidad (op. cit., p. 76):
“En consecuencia, se trata de buscar la manera de presentar, practicar, optimizar e impulsar el empleo de la lengua meta por parte de los alumnos, de tal manera que el aprendizaje de la lengua profesional sea lo más rentable y productivo para ellos, al tiempo que se estimule su motivación y su participación con el empleo de un eficaz enfoque metodológico y los recursos materiales y humanos más adecuados.”

Bibliografía de referencia
Aguirre Beltrán, B. (1998): “Enfoque, metodología y orientaciones didácticas de la enseñanza del español con fines específicos”. Carabela (44), 5-29, Madrid, SGEL.
Austin, J. L. (1962): How to do Things with Words. Londres, Clarendon Press. Brown, H., Yule, G. (1983): Discourse Analysis. Cambridge, Cambridge University Press.
Poyatos, F. (1994): La Comunicación no Verbal, 3 vols. Madrid, Itsmo.
Scheflen, A. E. (1984): Sistemas de Comunicación Humana. Barcelona, Kairós.
Searle, J. R. (1969): Speech Acts. Cambridge, Cambridge University Press.